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Tres recursos de primeros auxilios que todo trabajador debe conocer (y aplicar)

  • Pasamos mucho tiempo en el trabajo, y no es raro que nosotros mismos o nuestros colegas sufran un accidente. Así es como debes actuar.

Aunque no todos los puestos de trabajo tienen la misma peligrosidad, hay una serie de nociones sanitarias y técnicas de primeros auxilios que todos deberíamos conocer. Detectar a tiempo un ictus o saber practicar una reanimación cardiopulmonar (RCP) puede ser la diferencia entre la vida y la muerte de un compañero.

Aunque en España es obligatorio recibir una serie de información sobre riesgos laborales, lo cierto es que, al menos en los trabajos de oficina, la medida se limita a darle al empleado unas fotocopias que debe afirmar haber leído y que nadie lee.

Ante una situación de emergencia hay un protocolo básico, conocido como PAS. En primer lugar, se debe proteger al accidentado, a uno mismo y a los demás de la posible situación de peligro; en segundo se debe avisar a los servicios de atención sanitaria (para lo que debemos saber qué está pasando) y, en tercer lugar, socorrer al accidentado y herido.

Ante la duda es mejor no hacer nada, pero hay algunas maniobras básicas que todos deberíamos saber aplicar desde el colegio y, por desgracia, no conoce tanta gente.

Esto es lo que debes hacer para estar preparado ante las emergencias más comunes:

1. Bájate una app de primeros auxilios

Parece una tontería, pero tener un pequeño manual de primeros auxilios a mano nos puede sacar de un aprieto en un santiamén. Hay muchas aplicaciones de este tipo y todas son similares: constan de un pequeño índice donde se citan los accidentes más comunes y se explica cómo actuar ante ellos. Merece la pena tener siempre una instalada por lo que pudiera pasar (y por si olvidas lo que ahora explicaremos).

2. Aprende a identificar las tres emergencias más comunes

Al margen de los accidentes de origen externo, que implican siempre traumatismos, quemaduras o ahogamientos, las emergencias médicas más comunes que requieren atención inmediata son el ictus, el infarto de miocardio y la hipoglucemia. Y todos debemos saber cómo identificarlas.

Ictus

De acuerdo con la Sociedad Española de Neurología, el ictus es la segunda causa de muerte en España, la primera en el caso de las mujeres, y también la primera causa de discapacidad adquirida en el adulto.

Casi 120.000 personas sufren al año esta enfermedad caracterizada por un trastorno brusco de la circulación sanguínea del cerebro y que es muy peligrosa si no se trata a tiempo: la mitad de los que la sufren quedan con graves secuelas o fallecen.

El ictus aparece de forma brusca e inesperada y, aunque los síntomas varían, cualquiera de ellos debe llevarnos a llamar al 112 e indicar que, creemos, una persona está sufriendo un ictus. Los síntomas más comunes son la alteración brusca en el lenguaje, con dificultades para hablar o entender; y la pérdida brusca de fuerza o sensibilidad en una parte del cuerpo, que generalmente afecta a una mitad del cuerpo y se manifiesta sobre todo en la cara y en las extremidades.

Es muy importante no llevar nunca al enfermo al hospital, pues no todos están capacitados para atender los ictus. Se debe siempre avisar al servicio de emergencia de que hay un caso de ictus, pues estos saben dónde se ha de llevar al afectado en cada momento y lugar.

Infarto

Un infarto de miocardio es una patología que se produce cuando el corazón deja de recibir el riego sanguíneo que necesita, pero sus síntomas no siempre reconocibles. El afectado puede incluso pensar que no tiene nada grave.

Los signos de alerta varían entre esta lista: molestia opresiva en el pecho que dura cinco minutos o más; molestia constante que parece indigestión; presión incómoda en el pecho que se irradia a los hombros, los brazos, el cuello, la mandíbula o la espalda; mareos, desmayos, sudor o malestar en el estómago; ansiedad, debilidad, náuseas y cansancio sin motivo aparente; dificultad para respirar sin que haya una razón obvia.

Al igual que en el caso del ictus lo mejor es llamar lo más rápidamente a los servicios de emergencia, pues ellos iniciarán el tratamiento con medicamentos trombolíticos de inmediato, antes de lo que vas a tardar en llevar al enfermo al hospital.

Hipoglucemia

Las personas con diabetes pueden sufrir una bajada repentina de azúcar que se caracteriza por una sensación de debilidad o aturdimiento, temblores, sudores, dolor de cabeza o mareos, falta de concentración, irritabilidad hambre y entumecimiento en labios y dedos de las manos.

Ante estos síntomas lo primero que debe hacerse es ingerir algo de azúcar: un refresco, un zumo o agua con azúcar, directamente. Si el problema continúa hay que llamar a los servicios de emergencia.

3. Aprende a realizar la reanimación cardiopulmonar

Esta es la técnica básica de primeros auxilios que todos debemos conocer. Es fácil de aplicar por cualquier persona y puede, realmente, marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Si ves a alguien en el suelo, aparentemente desmayado, que no responde, llama a los servicios de emergencia, o si hay más gente pide a otro que lo haga, pero inmediatamente pasa a valorar efectivamente la gravedad de la situación.

La RCP debe aplicarse cuando una persona se desmaya y tiene una parada cardiorrespiratoria, esto es, no tiene pulso ni respira. Para ello, lo primero es averiguar si, efectivamente, no tiene pulso ni respira. Primero coloca a la persona boca arriba con brazos y piernas alineados sobre una superficie rígida y con el tórax al descubierto. Coloca una mano sobre la frente y con la otra tira del mentón hacia arriba, para evitar que la lengua impida el paso del aire a los pulmones. Comprueba si respira. En caso positivo coloca a la persona de lado (en la conocida como posición lateral de seguridad) y espera a que llegue el servicio de emergencia. Comprueba repetidamente si sigue respirando. Si no respira debes realizar la reanimación, con ayuda de un desfibrilador externo semiautomático, si hubiera uno cerca o, de lo contrario, de forma manual. 

Realiza 30 compresiones torácicas en el centro del pecho, con fuerza (es mejor romper una costilla que no reanimar el corazón) y alterna estas con dos insuflaciones con la vía área abierta y al a nariz tapada (el famoso boca a boca). Alterna compresiones - insuflaciones en una secuencia 30:2 (30 compresiones y 2 insuflaciones) a un ritmo de 100 compresiones por minuto.

No interrumpas el proceso hasta que la víctima inicie respiración espontánea, te agotes o llegue ayuda especializada.