España

El decálogo de las cifras del sector

Las 8,2 millones de razones educativas que se han olvidado en la 'vuelta al cole'

Las administraciones aceleran a menos de dos semanas de empezar las clases los más pequeños y las diferencias seculares del sistema español con respecto al europeo solo agrandarán la brecha existente.

Cae la noche en cualquier plaza de pueblo o ciudad, a esa hora en la que el calor de agosto puede que apriete algo menos. Los niños vuelven a correr entre árboles y esquivando los columpios donde ondean todavía las cintas de la Policía Local agrietadas por las olas de calor y el viento. Todos gritan, algunos ríen, unos pocos lloran. En la distancia, las madres y algún padre miran a sus hijos y piensan o comentan con otras madres y algún padre a la mesa repleta de juguetes, en el banco que comparten, qué pasará en apenas dos semanas. Con sus niños. Con ellos. Confinamiento. Colegios. Teletrabajo o ‘todotrabajo’. Alguien que se quede con ellos si tengo que ir a la oficina o a la tienda. Sin dinero. Sin abuelos. En un ERTE. El Ingreso Mínimo que no llega. Septiembre siempre llega y, antes de que termine como en aquella canción, la educación habrá despertado. 

De una forma u otra. Quedan dos semanas mal contadas para que empiecen las clases de los más pequeños (la Secundaria tardará unos días más, a mediados de septiembre) y ahora mismo hay tres veces más de nuevos casos de contagiados diarios (muy por encima de 3.000) que los contabilizados el lunes 9 de marzo (exactamente, 999). Aquella misma tarde, Madrid anunció el cierre de los colegios y antes de terminar la semana no quedaba un aula abierta en toda España. El domingo siguiente empezó el estado de alarma. 

Ahora, nadie sabe qué puede ocurrir y, como denuncian desde sindicatos a asociaciones de padres, hace días que se va tarde. Lo llevan diciendo desde junio, cuando millones de padres (hay unos 8 millones de hogares con hijos, según la última encuesta del INE al respecto) respiraron aliviados al terminar de ser profesores, trabajadores y criadores al mismo tiempo. No hay planes claros ni refuerzos ni dinero ni medios ni instrucciones. Cuando hace justo una semana, el ministro de Sanidad pactó con las comunidades autónomas 11 medidas para reforzar el control sobre los rebrotes, se volvió a encoger de hombros sobre la vuelta a las clases. Que las comunidades autónomas lo tienen en cuenta. 

Desde entonces, y ya pasado el ecuador de agosto, ha empezado a cundir cierto apresuramiento oficial. Cataluña y Galicia prometen que habrá mascarillas en todos los centros, Madrid da por hecho que es imposible una educación presencial al 100% y dice que ultima su plan, en Andalucía (donde van uno de cada cinco escolares de toda España) dimiten directores de colegios con tal de no asumir la responsabilidad que recaería sobre ellos en caso de detectarse un brote. 

Nadie sabe si las autonomías han gastado un euro de los 2.000 millones que el Gobierno les ha dado para destinar a las aulas; en aquella medida no se aseguró que se usara el dinero para fines o plazos concretos. Esta semana el Ministerio de Educación al fin salió de la cueva y dio algunas directrices a la vez que el ala morada del Gobierno de coalición mostró su preocupación pública por el regreso escolar. La ministra comparece el próximo 27 en el Congreso. Como los repetidores, ahora todo son prisas. 

Hay 8.237.006 razones para haberse preocupado un poco antes. Son los alumnos que oficialmente fueron a clase el año pasado, según las últimas cifras del Ministerio de Educación. De ellos, casi cinco millones se reparten entre Educación Infantil (1,7 millones) y Primaria (2,9). Es decir, tienen menos de 12 años y difícilmente podrían quedarse solos en casa o valerse por sí mismos.  

Como si fueran unos mandamientos o la tabla de multiplicar, el decálogo de cifras y da-tos de la educación en España en los últimos años solo agranda la dimensión de una tarea postergada a septiembre como los malos repetidores. Con prisas y con el miedo, apuntado por el mismo Fernando Simón, de que la pandemia solo estire las diferencias que ya se sufren en cuanto a preparación educativa respecto al mundo desarrollado: 

1) Gasto total: el conjunto de las Administraciones Públicas destinó a la educación (incluyendo universidades) un total de 52.215 millones de euros en 2019, el equivalente al 4,19% del PIB. Es la cifra más alta desde el año 2010, si bien entonces se rondaba el 5% de gasto respecto a la riqueza nacional. El 5% es la cifra a la que la ministra actual, Isabel Celaá, quería volver en esta legislatura. Paradójicamente, si continúa cayendo la econo-mía, el efecto estadístico puede hacer su magia a cuenta de la contracción del PIB. Sin embargo, cuando la exportavoz del Gobierno planteó su objetivo eso suponía elevar a más de 62.000 millones la inversión total. 

2) Gasto por alumno: la última cifra comparativa con el resto de países europeos es algo antigua (del cierre de 2016), pero toda Europa se supone que sufrió los estragos de la anterior crisis. En cualquier caso, en España se gasta por alumno 7.114 euros al año, una cifra en línea con la media de la UE a 28 y muy similar a la del Reino Unido o Irlanda, unos 300 euros mejor que Italia… pero 1.000 euros por debajo de Alemania, Francia u Holanda. Ya Suecia o Bélgica, con unos 10.000 euros por escolar quedan demasiado lejos. Austria, con más de 11.000, queda en otra galaxia. 

3) El peso de los profesores: de todo el gasto educativo, dos tercios se reservan para pagar al personal (el 67,2%, para ser exactos, siempre según los datos oficiales de Educación). Al terminar el curso 2018-2019, España sumaba 712.181 profesores, una cifra que ha crecido con el tiempo y pese a la crisis. Allá por el curso 2008-2009 eran 667.287 con medio millón menos de alumnos totales que ahora. Al empezar el milenio, en la temporada 1999-2000, su número era de 521.890 pero había 8,5 millones de alumnos (300.000 más que hoy).

4) Número de alumnos por profesor: al terminar el curso en junio de 2018, había 12,4 alumnos por profesor de media en España y el número subía a 13,6 en la educación primaria. Es de los apartados donde se sale mejor parados en comparación a los vecinos europeos, toda vez que en este ciclo concreto la media comunitaria es de 14,7 y en toda la OCDE, de 15,2. En Alemania, hay 15,4 niños por docente y en Francia, hasta 19,6. Dentro de España, la peor cifra se la lleva Madrid, con 13,6 alumnos por profesor frente a los 10,3 de Galicia.

5) Becas y beneficiarios: la crisis y los años siguientes tuvieron a las becas como una de las polémicas recurrentes. Los números, en presupuestos liquidados, reflejan que en 2010 se destinaba en las cuentas públicas 1.132 millones de euros y en 2019, hasta 1.470. Por su parte, se pasó de 671.320 receptores al terminar el curso en 2010 a 920.753 al empezar el último.

6) El peso de la mujer: seguramente, la educación sea uno de los pocos ámbitos donde los puestos de decisión están tomados mayoritariamente por las mujeres. Cuando finalizaron las clases en 2018, el 65,9% de quien dirigía un centro era una docente y el 66,1% de los jefes de estudio era mujer. Diez años antes, los porcentajes fueron el 54,9% y el 57,8%. 

7) La España vaciada: un reciente estudio publicado por el Real Instituto Elcano de Miguel González-Leonardo llegaba a la preocupante conclusión de mezclar emigración interior y pérdida de capital humano: "Al introducir el nivel educativo en el análisis, los balances migratorios son aún más desequilibrados. Se observan intensos procesos de descapitalización educativa en las provincias despobladas del interior de España, siendo el territorio castellano y leonés el que sale peor parado. También se han detectado dinámicas de acumulación del capital humano cualificado en las provincias donde se localizan las ciudades españolas más dinámicas. Aunque el aporte de población extranjera ha paliado la pérdida de nativos por emigración interna en la mayor parte de los territorios secularmente emisores, no ha compensado la salida del capital humano altamente cualificado hacia las áreas económicamente más pujantes". 

8) Repetidores: ni las crisis ni la inversión cambian el sino de los que deben quedarse un año más en el mismo curso. En 2018, la tasa acumulada de repetidores en Primaria en España se fue al 15%, una décima más que diez años antes. En Secundaria, la suma se va al 38,1%. Las tasas multiplican por cinco la de países como Alemania, Francia o los nórdicos. Es más del doble que Italia o Grecia. 

9) Abandono temprano: de tanto repetir lo normal es darlo por imposible. De ahí que la tasa de abandono española sea la más alta de Europa, de hasta el 17,9%. La media europea es del 10,6%, que es el dato que se da en lugares como Alemania o Reino Unido y algo menos en Francia, Dinamarca, Suecia...

10) El uso de las Nuevas Tecnologías: según el INE, más del 91% de los hogares españoles están conectados a internet. La cifra puede antojarse como muy elevada, pero, en números brutos, está dejando fuera de la ecuación a más de 1,5 millones de hogares. Con sus niños. Los colegios tampoco están para cubrir la diferencia. Si bien el cálculo del Ministerio es algo lejano (de 2017), en aquel momento todavía un tercio de los centros públicos no tenía conexión a internet.